He pasado un tiempo investigando sistemas de identidad digital, y honestamente, el mayor problema no es qué modelo elige un país. Centralizado, federado, basado en billetera... todos suenan bien hasta que alcanzan la escala del mundo real.
Lo que he visto es que la mayoría de los sistemas o se mueven rápido pero exponen demasiada información, o protegen la privacidad pero tienen dificultades operativas. Ese compromiso sigue repitiéndose.
Por eso SIGN llamó mi atención. En lugar de reemplazar todo, se enfoca en la capa debajo de la capa de confianza. Quién puede emitir credenciales, qué se comparte, cómo se verifica y cómo se sostiene en auditorías.
Desde mi perspectiva, ahí es donde las cosas suelen romperse.
Si las pruebas se mueven en lugar de los datos en bruto, y la verificación se mantiene confiable incluso sin conexión, comienzas a resolver problemas reales, no solo a diseñar teoría.
Todavía es temprano, pero esto se siente menos como una exageración y más como una infraestructura que toma forma silenciosamente.
