Un problema que sigue apareciendo en Web3 es la fragmentación de datos, y es más dañino de lo que parece a simple vista.
Cada aplicación termina definiendo y verificando datos a su manera. En lugar de construir lógica útil, los desarrolladores a menudo pasan tiempo averiguando formatos y haciendo que los sistemas sean compatibles entre sí.
Lo que destaca con Sign es cómo aborda esto a nivel raíz. Al introducir esquemas como estructuras de datos compartidas, crea un lenguaje común en el que diferentes aplicaciones pueden confiar.
Una vez que esa capa está estandarizada, el enfoque comienza a cambiar. Los sistemas ya no se preocupan por cómo se estructuran los datos, sino por lo que esos datos realmente representan.
Desde mi perspectiva, esto lleva las cosas más allá de la confianza básica y hacia algo más práctico: datos que son consistentes, reutilizables y más fáciles de trabajar en diferentes entornos.
