La idea de “sign everything” suena como la continuación lógica del mundo digital: si cada acción se puede registrar, entonces se puede verificar. Likes, transacciones, participación en eventos — todo se convierte en attestations. A primera vista, esto crea una economía transparente de confianza. Pero cuanto más señales hay, más difícil es entender cuáles de ellas realmente tienen importancia.
Rápidamente llegamos a una economía de datos excesivos, donde el valor se desplaza no hacia la cantidad, sino hacia la filtración. El gráfico de attestations comienza a parecerse a un mercado ruidoso, donde cada uno grita sobre su “verdad”. En tal sistema, la confianza ya no crece automáticamente — requiere contexto e interpretación. El paradoja es que cuanto más datos registramos, más difícil se vuelve creer en ellos.
Al final, “sign everything” no se trata de control, sino de responsabilidad por el diseño de las señales. La cuestión ya no es qué se puede registrar, sino qué realmente vale la pena registrar.