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Todo el mundo todavía discute el precio…
Pero el problema nunca fue el precio.
Fue confianza.
¿Quién eres tú en lo digital hoy?
¿Cuántas empresas tienen tus datos?
¿Y quién garantiza que esa información es real?
Internet nunca resolvió eso.
Ahora comienza a surgir un nuevo intento:
identidad digital con control del usuario y verificación sin depender de terceros.
En teoría, eso cambia todo.
Pero hay un punto que casi nadie considera.
La tecnología no resuelve el desalineamiento de intereses.
Los gobiernos piensan diferente.
Las empresas compiten.
Las regulaciones no conversan.
Y es ahí donde los proyectos más prometedores se estancan.
No por falta de ideas, sino porque el mundo real no funciona como el código.
Aún así, es difícil ignorar hacia dónde se dirige esto.