Hay un patrón que no se resuelve del todo sin importar cuántos ciclos observes.
La emisión de credenciales aumenta, los eventos de verificación se incrementan, más billeteras tocan el sistema—pero el token en sí no se comporta como algo bajo demanda sostenida.
Se mueve, pincha, se utiliza—y luego regresa a la inactividad como si nada hubiera cambiado realmente.
Se siente menos como una infraestructura que soporta carga, y más como una herramienta que se recoge solo cuando se necesita.
El problema central parece ser este: la demanda del token no es continua. Aparece en momentos específicos—cuando se emite un certificado, cuando el acceso está restringido, cuando ocurre la distribución—y luego desaparece tan rápido. Sin embargo, el mercado a menudo lo trata como si el uso se acumulase con el tiempo, como si cada nueva integración añadiera una capa permanente de demanda. Los datos no lo respaldan completamente.