Irán ha convertido efectivamente el estrecho de Ormuz en un filtro geopolítico, decidiendo quién se beneficia y quién no.
Ciertos países todavía están siendo permitidos a pasar, incluidos China, India, Pakistán, Turquía, Malasia, Irak, Bangladés y Sri Lanka.
Por otro lado, se informa que se niega el acceso a los Estados Unidos, Israel, Japón y Corea del Sur. Incluso se rumorea que el pago de 2 millones de yuanes por el paso no está siendo aceptado; estas naciones parecen estar completamente excluidas.
Esto importa porque el estrecho de Ormuz es uno de los puntos de estrangulamiento más críticos del mundo, manejando alrededor del 20% del suministro de petróleo global. Ahora, el control sobre ese flujo se está utilizando estratégicamente.
La señal es clara: los aliados continúan recibiendo petróleo, mientras que los rivales son desconectados.
China e India todavía están importando crudo, manteniendo estables sus economías y cadenas de suministro. Mientras tanto, países como EE. UU., Japón y Corea del Sur están enfrentando interrupciones, y aunque Israel no es un gran importador de petróleo, sus aliados se ven afectados.
Los mercados petroleros han reaccionado rápidamente, con el crudo Brent subiendo de nuevo hacia $110 a medida que aumenta el riesgo geopolítico.
Esta situación ha cambiado más allá de la tensión militar; el acceso a la energía ahora se está utilizando como palanca. Forzar el paso a través del estrecho podría arriesgar la escalada del conflicto aún más.
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