Solía pensar que la identidad digital era suficiente.
Si un sistema pudiera verificar quién eres, el valor seguiría.
No lo hizo.
La mayoría de las capas de identidad permanecen separadas.
Creadas una vez. Raramente utilizadas.
Ahí es donde el Protocolo de Firma cambia el modelo.
No identidad como una característica.
Identidad como parte de la transacción.
Las atestaciones convierten las reclamaciones en entradas utilizables.
Los esquemas definen las reglas.
Las aplicaciones las leen y actúan sobre ellas.
Así que una transacción no es solo valor en movimiento.
Lleva contexto. Autoridad. Condiciones.
Tiene sentido.
Pero la verdadera prueba es simple.
¿Se reutilizan estas atestaciones en diferentes sistemas?
¿O simplemente se quedan ahí?
Esa es la diferencia entre un registro y una infraestructura.
Esa es la línea que estoy observando.
