El proyecto no comenzó anunciando una gran narrativa sobre robots en la blockchain. En cambio, surgió a través de una observación más silenciosa: las máquinas están comenzando a actuar como participantes económicos, pero los sistemas que rastrean el valor nunca fueron diseñados para ellos. La red de Fabric Foundation, construida alrededor del token ROBO, intenta mapear esa capa faltante. Cuando miré por primera vez Fabric Foundation, lo que destacó no fue el ángulo de la robótica en sí. La robótica ya está en todas partes: en almacenes, centros de logística, fábricas. Lo que se sentía diferente era el intento de dar a las máquinas algo parecido a una billetera, identidad y reputación. No en un sentido filosófico, sino en uno práctico: un robot realiza una tarea, la tarea se verifica y el pago se mueve automáticamente.